Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2024

el viajero

Aquí en Parque Central las horas se fatigan pero no descansan, pasan del día a la noche insomnes, de la luz solar a la de los cilindros fluorescentes agitando las ventanas y los pasillos llenos de polvo. Si se vive en el piso 40 se tiene la sensación de estar más cerca de la calle que en el piso 4. Cualquiera apostaría que en cualquier momento alguien podría saltar por las ventanas corredizas desde las que se puede distinguir multitud de cosas: la siembra de casas diminutas que atesta la montaña de San Agustín, el cochecito que sube y baja con sumo cuidado, cargado de gente y halado por los motores del metro cable, el vuelo errante de las palomas que pierden su ruta entre tanto tráfico y se suicidan contra la autopista plagada de automóviles y motorizados, que parecen hormigas, cajas de fósforos y caballitos de mar. Para que ustedes vean que lo que digo es cierto les cuento que una vez abrí la puerta, venía del trabajo cansado con la intención de almorzar y luego de tomar una siesta, a...

escribí

Córdoba jueves de Octubre   Escribí: “Las cosas pasan cuando uno menos lo imagina. Ella se hunde en su mirada, tiemblan del estruendo, apenas alcanzan a ver la luz, gana lo oscuro. ¿Es agosto le pregunta ella? ¿Lo escuchaste? Y con sus manos pequeñas le agarra la parte de atrás de la remera, lo agarra fuerte. —Me hundí adentro tuyo Amapola. Que se termine ya el mundo, que se maten los que quieran… ¿Escuchaste Rogelio?   —Sí sí, es agosto, para ser más preciso 26. ¿Vos decís que son tiros? Vi el relámpago, mientras te quedaste callado, como una luz de advertencia y de repente me vi adentro tuyo.”   Mano, tecla, mate, teclado. “adentro tuyo” mucho adentro, mucho estruendo, no, no, no, vamos de nuevo.    Escribí: “Todas las cosas importantes pasan en una esquina, una cortada, un cruce”, allí está ella, Amapola, el personaje de mi novela.   “Todas las cosas importante pasan en una esquina, el bar está en una esquina  del centro de la ...

malditos coleccionistas de certificados

“Siempre pide factura, te da un aire de empresario”, le aconsejaba Homero Simpson a Bart minutos antes de su primera cena en casa de los padres de uno de sus romances de iniciación. / “Hay algo curioso acerca del carácter alemán: redactan un informe de todo lo que hacen, es algo perverso: los nazis han dejado por escrito todos sus pensamientos criminales y todos sus actos criminales, aquí en este despacho hay pruebas para colgar a medio país”, le aclara el secretario de archivo a Alec Baldwin en una de las primeras escenas de Los Juicios de Nuremberg. / Y es que los fundamentalistas del papel encuentran en la textura de la pasta de caña de azúcar, blanco obra o ilustración de ciento ochenta gramos, una suerte de concreción física y empírica de su identidad, acaso la constancia plena de que su lugar en el tejido universal carecería de evidencia fáctica sin un trozo de papel firmado por vaya a saber qué figura de autoridad, también creada a partir del sistema burocrático de las humanidad...

ocupaciones cotidianas

Hace casi un año supe que Marcelo existe. No sé con exactitud cómo pasó de ser un comentario banal de Tania, un quejido sigiloso sobre su vecino, a convertirse en casi mi única ocupación cotidiana, que incluso llegó a desplazar por completo otras ocupaciones menos importantes que Marcelo, como por ejemplo hacer las compras de los productos de limpieza del baño o pedir el subsidio de los impuestos de la luz. Ayer por la tarde mi terapeuta intentó explicarme que Marcelo es la coartada que inventé para no dedicarme a hacer todas esas actividades que detesto, pero no entiende que Marcelo es mucho más que eso. Cuando Tania se mudó al edificio de la calle Darwin, Marcelo ya vivía allí. Eso lo supe luego porque se lo pregunté directo, sin rodeos, cuando ella descubrió mi tara psíquica, y cuando a mí ya no me importaba disimular mi fijación con él. A Tania ya casi no la veo porque vive lejos pero mantengo con ella una viva amistad a expensas de flores que nos enviamos para nuestros cumpleaño...

de la angustia abstracta de chatura y sequedad

Sobre el techo del decir en busca de ese agujero por el que saliera el poeta a lo amplio después de los significados en desagüe sanguinolento del ruido agudo de las palabras el oído. La forma obstinada de presencia de las palabras, indiferentes a la fatiga del cuerpo, harta la materia de perdurar. Saltos desde la superficie de lo escrito a lo que se puede decir cuando al trazar las letras el silencio otra vez se apersona y calla el lenguaje de pie ante el cuerpo que respira. Idea de que los sentidos existen por superposición de capas, a la manera en que la profundidad en la mirada, el punto de vista se configura por capas de materia vertical y espacios, planos que atraviesan al caminar las extremidades. El tramo hasta la puerta la puerta abierta al otro lado el pasillo hacia el patio el patio verde en medio de la puerta enmarcado el árbol que crece, atrás del árbol arbustos de hoja afilada la enredadera que cubre la tapia, en los espacios entre eso el aliento a barro a lombrices que ar...

insomnio

No vale la pena dormir si es posible tejer sueños despiertos en compases de aliento La madrugada es el espacio donde podemos forjar nuevos caminos La brisa de esas horas trae a nosotros imágenes inconclusas a las que damos forma en el entresueño No cabe duda que es la mejor hora para morir para hacer el amor para sembrar auroras cavilantes que se abran paso en la mañana La bulla de los perros que viene desde lejos hace saltar nuestros temores Gente tosiendo en las casas vecinas mujeres llorando su derrota una gota perenne en cualquier baño abandonada a su suerte Es el mejor momento para la relectura de los clásicos para improvisar cual sueño súbito las escenas que tanto tememos las frustraciones los sueños equívocos el llanto inacabado la sonrisa fija que no fluye En ese instante del gran día queda un espacio para el encuentro con lo no logrado con lo ignoto con lo que está por estallar A esa hora recibir visitas resulta maravilloso Alguien que llega de viaje o que vuelve del bar huyen...