Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2025

manual de despersonalización (o un fracasado intento de nombrar la muerte)

  Atención: Recomendamos leer este manual estando solo o acompañado; en voz alta o baja; respetando el tiempo que una lectura en un ambiente de intimidad demanda. Como primer paso, disóciese. Puede ser en cualquier lugar o en cualquier momento. Realice este ejercicio en diferentes horarios y situaciones para conocer los efectos de la disociación: en el trabajo, con amigos, en familia, con su pareja, caminando, paseando, cocinando no porque podría quemarse o provocar un accidente (nosotros recomendamos que no lo haga durante la noche antes de dormir, puede darle insomnio). Lo importante es que usted pueda, al mismo tiempo, realizar su actividad cotidiana mientras dedica energía psíquica a la despersonalización. Ya disociado, proceda al segundo paso. Este consiste en que comience a experimentar cada parte de su cuerpo sin relación a las otras. Comience por sentir los dedos de sus pies, luego la planta. Si es que es un afortunado de poder utilizar calzado, sienta las medias que ...

matas gigantes

  En una urbanización de la ciudad donde nací, que está ubicada entre la autopista regional del centro y una montaña árida y pedregosa, descansa una pequeña cruz que da la impresión de encabezar un antiguo cementerio. Las calles de esta urbanización tienen nombre de planetas: Neptuno, Saturno, Venus, Tierra, de manera que si la ves por la noche desde lo más alto de esa montaña, entre los postes de luz a medio encender y la soledad del asfalto, da la impresión de encarnar un pequeño cosmos de feligreses sordomudos. Si, por el contrario, te montas en tu automóvil, enciendes el aire acondicionado y conduces oyendo la sinfonía Nuevo Mundo, te imaginas que viajas a 40 km por hora por la vía láctea de un Stanley Kubrick que nació en el Caribe.   En las aceras de esas calles tan solitarias todavía hay árboles. Durante años algunos poetas atribulados han intentado contarlos pero son demasiados. Terminan perdiendo la cuenta porque a esa hora están demasiado borrachos. Los recién ca...

olores

Los libros tienen siempre un olor particular, no es el papel, no es la tinta, no es el tiempo o quizás es todo eso y algo que emana a medida que vamos leyendo o escribiendo. El pulso del autor, las tensiones de la mano, la fuerza de los dedos, el amor, la rabia, la decepción que los empuja. Es un cuerpo que deja una huella, un rastro que ¿se olfatea? Pero también los personajes huelen, destilan olores que atraen, que seducen, que inquietan. ¿Cómo olería la vaca que se lleva la creciente en el cuento de Rulfo? ¿Y los trajes de Madame Bovary? ¿Y los campos castellanos de Machado? Los olores tienen pocos adjetivos y no queda otra que recurrir a imágenes y metáforas que traten de capturar ese efecto que siente el cuerpo. Al escribir nos ocupamos de los ojos o de las manos pero poco de la nariz, salvo Quevedo con “érase un hombre a una nariz pegado” para zaherir desde lo hiperbólico, desaforado o monstruoso. O bien recurrimos a los animales, sabuesos olisqueando entre las sobras del mundo...

para traicionar la realidad

Ruido blanco la calle, lluvia contra el piso y lenguas de caucho al ras del alquitrán componen el canto. Llegaron libros para el tacto, la mirada, el oído agotado de sentido común. De un tiempo a esta parte leer se tornó un brazo del hastío, cenizas secas, desazón contra el átomo, las palabras no son ni de cerca lo más importante y es un hecho que ya casi ni pesa. Leer realiza la respiración de la noche, ella que hace un fuera de tiempo invivible cualquier día, el tiempo en las líneas se opone a lo obligatorio. Debería estar siendo otra cosa, en lugar de lo cual la lectura. Con veintisiete elementos se configura el desvarío de sentidos. El sueño del cuerpo accidentado, moribundo, que advertía sobre los fragmentos de cuerpo desparramados por un sendero en descenso; el sueño del rally de Tarantino, brutalidad que atraviesa la compacidad de la carne. En la parte de atrás de un auto hueco para filmar, una cámara debajo del vidrio blindado sobre el que impactaban piedras justo por encima de...