manual de despersonalización (o un fracasado intento de nombrar la muerte)

 

Atención: Recomendamos leer este manual estando solo o acompañado; en voz alta o baja; respetando el tiempo que una lectura en un ambiente de intimidad demanda.

Como primer paso, disóciese. Puede ser en cualquier lugar o en cualquier momento. Realice este ejercicio en diferentes horarios y situaciones para conocer los efectos de la disociación: en el trabajo, con amigos, en familia, con su pareja, caminando, paseando, cocinando no porque podría quemarse o provocar un accidente (nosotros recomendamos que no lo haga durante la noche antes de dormir, puede darle insomnio). Lo importante es que usted pueda, al mismo tiempo, realizar su actividad cotidiana mientras dedica energía psíquica a la despersonalización.

Ya disociado, proceda al segundo paso. Este consiste en que comience a experimentar cada parte de su cuerpo sin relación a las otras. Comience por sentir los dedos de sus pies, luego la planta. Si es que es un afortunado de poder utilizar calzado, sienta las medias que rodean sus pies, la presión que realiza sobre el calzado mientras está parado o a cada paso que realiza. Si está descalzo, sienta con cada línea de su piel la textura del piso. Realice el mismo ejercicio de introspección con sus piernas. Trate de sentir la tela del pantalón (siempre y cuando no haga calor. Lamentamos informarle que, si está utilizando pantalón en verano, probablemente usted ya está despersonalizado o, como nosotros, está obligado a trabajar –que no es diferente a despersonalizarse, disociarse y ser otro, pero no es el objetivo de este manual pensar en Marx–. Intente mover cada uno de los músculos efectores de movimientos, trate de mover cada dedo de manera individual, tensione y relaje sus piernas, trate de sentir cada fibra muscular moviéndose, cada tendón flexionándose o extendiéndose, cada hueso –¿cómo es el sentir de un hueso? –. Inspire y exhale. Sienta como sus pulmones se llenan de aire. Sienta los movimientos de la caja torácica, el movimiento de su diafragma, la deformación del abdomen en cada movimiento automatizado. Sienta los movimientos de sus intestinos, intente adivinar por qué parte de su cuerpo está eso que comió, con fortuna, hace unas horas. Sepa usted la longitud de sus intestinos. Son larguísimos. Pregúntese cómo habrán hecho para meter tantos metros dentro de una cavidad que representa un bajo porcentaje de nuestro cuerpo. Lo invitamos a que precise cuándo su cuerpo separa el nutriente y lo utiliza. Cómo transforma una fruta (si usted es sano) o un guiso (si a usted le gusta disfrutar la vida) en una masa amorfa que se desliza entre sus vísceras. Imagine en qué momento se pega en las paredes de sus intestinos y queda disponible para todo el cuerpo. De la misma manera, cuándo comienza a producir los des-hechos (¿o re-hechos?, porque nada se pierde, todo se transforma dice la canción. Aunque por más que nos empecinemos en que no, es necesario perder porque perder implica ganar, pero de una manera un tanto extraña). Sepa usted que dentro suyo contiene una bomba química capaz de disolver cualquier material. Usted puede producir ácido en su estómago. ¡Mire qué potencia la suya! ¡Y cuánta bondad! Producir ácido y solo usarlo para degradar comida. Intente pensar qué forma externa a nosotros nos ha dado semejante configuración que en lugar de convertirnos en armas biológicas capaces de corroernos a nosotros hace que disolvamos una sopa. Imagínese ejércitos de gente como usted o como nosotros con tubos que disparen ácido a los otros al grito de “ha sido un gusto[1]”.

Bueno, nos fuimos de tema. Queda mucho para despersonalizarse. Vuelva a tener la conciencia plena en su cuerpo. Sumado a las sensaciones internas y externas, piense ahora en su espalda. ¿Quién se la cuida si usted mismo no tiene conciencia de ella si no es solo cuando duele? Piense en cada grano que le sale y usted es incapaz de quitárselo. Ah, no es tan perfecta la máquina del cuerpo. El corazón se llena, la sangre pasa de las aurículas a los ventrículos en milisegundos. Intente controlar eso. Concéntrese en cada sístole y diástole y trate de aumentar o bajar el ritmo. Imposible. El cuerpo tiene su dominio. Somos impotentes ante él. Somos extranjeros. Somos sus inquilinos. Su corazón bombea casi seis litros de sangre por minuto. Imagine lo que son seis litros ¡Dos botellas de gaseosa capaces de ser llenadas en un minuto! La sangre. Ese líquido rojizo, símbolo de la pasión y el sacrificio. Nosotros lo tenemos per se. Somos, en gran parte, pasión y sacrificio. Sienta como la sangre fluye por cada espacio de su cuerpo. Sienta cada glóbulo moverse a un metro por segundo. De pies a cabeza. En piernas y brazos. ¡Cierto! Nos olvidábamos de los brazos. Realice el mismo ejercicio de percepción que con los miembros inferiores. Pero súmele una dificultad: con sus manos comience a repasar cada borde de su cuerpo, cada parte de su piel, de sus vellos, sus uñas, su mucosa, sus genitales. Sienta la excitación. Ahora le rogamos que intente describir qué percibe: ¿lo que informa su mano o lo que informa la superficie que toca?, ¿todo su cuerpo es capaz de sensaciones?

Si a usted esto le ha generado cierta complejidad y aun no se ha despersonalizado, le solicitamos proceder al tercer paso.

Para iniciar necesitamos que realice una disociación completa. Siéntase solo con su pensamiento. Logre lo que algunos llaman la conciencia plena. Es solo usted y su pensamiento en la infinidad de su cuerpo. Tenga en cuenta todas las sensaciones experimentadas hasta recién. Repase los textos de biología que de seguro ha olvidado en su primaria y secundaria. ¿Cuál es la unidad básica, funcional y estructural de vida? ¡Muy bien! La célula. Sepa que usted está formado por células (animales, creemos). Imagine una célula. Dibújela en su mente. Recuerde sus funciones: respira, tiene energía, toma nutrientes, genera deshechos –¡Como usted! –. Sí, usted es rejunte de millones de células, unidas por vaya a saber uno qué cosa (o si no le gusta esta idea, crea que es una célula gigante. No descartamos esta hipótesis). Sepa que sus células tienen fecha de caducidad –como usted–. Tienen una vida media más corta que la de su existencia como cuerpo ¿unificado? Probablemente, mientras lee esto, no conserva ninguna célula de las que ha tenido al momento de nacer, ¿puede decirnos que usted es usted mismo si el soporte ha cambiado? Estamos, quizá, ante un problema ontobiológico[2].

¡Otra vez! No perdamos el norte (o el sur, o el este o-este o a donde sea que -no- nos lleve) de nuestro manual. No estamos aquí para hacer filosofía barata, aunque nuestra escritura sea pretenciosa.

¡Basta!

Continuemos. A esta altura del partido[3], usted tiene la obligación de pensar en simultáneo cada proceso celular al nivel más micro que nopueda imaginar. Y con esto lo invitamos a adentrarse en el cuarto paso de la despersonalización: ¿con qué realiza usted todas sus actividades psíquicas, incluso la disociación en la que se encuentra en este momento? ¡Sí, con células! Unas muy particulares (recuerde sus viejos manuales): la neurona. Esa pequeña estrella fugaz con partes bien diferenciadas según los expertos. Reduzca su existencia a una neurona. Ahora usted es una neurona. Sienta la entrada de iones. Siéntase nuevamente excitado (o inhibido). Sienta el impulso en sus tentáculos. Experimente el vómito de moléculas para generarle algún efecto a su neurona vecina que ¿es usted, es parte de usted o es algo totalmente otro?

Sabemos que es un cliché caer en la vieja idea de que bajo este reduccionismo solo somos el resultado de excitaciones o inhibiciones. Sin embargo, nos permitimos esta licencia a los fines del proceso de despersonalización. Piense. Reflexione. Conéctese consigo mismo. Recuerde que es una neurona. Toda su vida, todos los deseos que tiene, las percepciones, las sensaciones, los pensamientos, sus sentidos, sus movimientos, el recuerdo de esos platos que su ex pareja compró y nunca va a ver, todos sus proyectos factibles, todos los futuros truncos, todas las posibilidades realizadas y no realizadas, las decisiones de las cuales depende su vida y su muerte, el menjunje ese que llamamos sueños, las palabras, sus trabalenguas, sus idiomas inventados con los otros, la muerte de los otros, el amor, el odio, el miedo, la risa, sus experiencias, su tiempo, lo simultáneo del tiempo. Todo eso, sepa estimado lector, depende de un átomo.

El universo está hecho de átomos. Usted es parte del universo. Quizá usted es el universo; quizá es un universo entre muchos otros[4]. Sepa usted, usuario del manual, que este es el último paso hacia el proceso de despersonalización: pensarse en la infinidad.

Volvamos a donde quedamos. Si pudo seguir nuestra escritura enrevesada (y pretenciosa, recuerde) y nuestra lógica traída de los pelos, es usted ahora un átomo del cual depende la estructuración de eso a lo que ilusoriamente llamamos nosotros (nos-otros, nos, otros, no’otro’, losotros, los-otros, lo’otro’ o yo, cualquier acepción es válida, creemos que usted puede inferir a lo que apuntamos). La mínima unidad de materia de la física clásica puede explicar todo lo que puede experimentar. Es usted tan viejo como el universo. Piense en la infinidad de la materia. Todo átomo tiene una existencia infinita. Del polvo venimos[5] y al polvo vamos. Usted existe desde la infinidad de los tiempos. Nosotros nos conocemos desde hace mucho. Piense en que usted ha presenciado el principio y el fin de toda existencia. Es el momento donde le solicitamos que salga de su cuerpo. Extienda su conciencia plena. Sea consciente de todo el universo. Trate de estar en todos lados al mismo tiempo. Trate de estar en todos los tiempos: no solo aquí y ahora, imagínese estar en el pasado desde su presente. Haga carne su futuro. Piense en todas las historias que se perdió y en todos los futuros que nunca va a ver[6]. Sepa que la distancia entre nos/otros es infinita y minúscula, hay un vacío lleno de nada en nuestra composición. Trate de verse a usted mismo cuando era niño. Véase viejo. De seguro usted no puede reconocerse. Intente experimentar su muerte, ¿qué siente estando muerto?, ¿se puede experimentar algo?, ¿cómo nombrar eso? Intente ponerle palabras. Intente nombrar lo no-vivo. Imagine qué puede decirnos un animal que está en la agonía de su muerte. Qué puede decirnos el pasto cuando lo cortamos. Qué puede decir una roca en el momento en el que es lanzada. Qué dirán los mares antes de estrellarse contra un lienzo. Qué opinan los planetas de las estupideces que hacemos. En qué idioma hablarán. Quizá la vida es todo aquello que no comprendemos y con nuestra muerte comenzamos a formar parte de-vida.

Piense en quien lo recordará. Hasta dónde vivirá en el recuerdo. Ser recordado es una forma de seguir viviendo. Sepa que una vez que deje de existir la última persona que le conoció, su nombre va a formar parte de la larga lista de los olvidados de la historia. No habrá prueba ninguna de que alguna vez usted existió. ¿Existimos realmente o somos el efecto de una deidad ideal, esquizofrénica o quizás idiota? Sépase finito. Sépase insignificante. Sépase una ilusión. Sépase una imagen. Pero sepa que vivirá en la eternidad. Que es parte de la eternidad, pero solo va a ser consciente de una milésima de segundo en la infinitud del universo.

Creemos que es el momento de finalizar este manual. Pueden haber ocurrido dos cosas:

1- Usted se ha despersonalizado. Si es así, consulte a un psiquiatra amigo o amigo psiquiátrico. Probablemente ha caminado por los desfiladeros de la locura;

2- Usted no se ha despersonalizado. Lamentamos haber fracasado con este manual. Prometemos mejorarlo en la próxima edición. Discúlpenos por haberlo hecho perder valiosos segundos;

3- Usted se ha angustiado, aunque sea un poco. Es el principio de la despersonalización. Vuelva a intentar con el manual. Léalo nuevamente. Reescríbalo. Agréguele experiencias propias. Agréguele experiencias ajenas. Agréguele experiencias del medio;

4- Usted ha bosquejado alguna sonrisa. Nos damos por satisfechos de que nuestra lectura le ha provocado algo;

5- Sí. Sabemos que son más de dos cosas las que pueden ocurrir. Sepa usted que nosotros somos despersonalizados recuperados. En algunos momentos nos fallan los procesos cognitivos. Podemos creer que somos otra cosa u otra persona. No sabemos si estamos escribiendo o estamos leyendo esto. No sabemos si usted es nosotros o nosotros somos usted. No sabemos si solo somos estas letras que se deslizan por la pantalla. Quizás apenas usted deje de leer o escribir esto, nuestra existencia no dejará ningún rastro. Es un honor revelarle que nunca existimos.

Ya puede dejar de estar disociado[7].

Ha sido agradable compartir la compañía con usted.

Que, aunque sea por un momento, podamos habernos conocido y haber ocupado un mismo espacio.

Nos despedimos.

Saludos desde su compañía de nunca.

Nos encontraremos en una próxima muerte.



[1] Chiste esquizofrénico. 

[2] ¡Ja! Para esos que no pueden conciliar biología y humanidades.

[3] Chiste esquizofrénico.

[4] Esto no es la referencia a manuales de autoayuda.

[5] Chiste esquizofrénico.

[6] Como la séptima de boca.

[7] Le rogamos por favor que no haya si quiera pensado en volverse nihilista, depresivo, suicida o escéptico. Consideramos que, si esto ha sucedido, somos unos fracasados. El mundo no necesita más gente que asume una pose desinteresada ante la vida.




Matías Alagastín     



Comentarios