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Mostrando entradas de mayo, 2025

Itaca son todas

La primera vez que entré a un salón de clases de la Escuela de Letras en la UCV solo quedaba un puesto vacío en la última fila. Yo había sido el último en llegar, como siempre estaba llegando tarde, con una media hora de retraso. La profesora que me vio pasar con cierta clase de condescendencia, era una mujer madura, bastante atractiva, que llevaba puesto un pantalón de taller negro y una blusa de seda blanca, y que se apartaba con delicadeza el cabello de la cara. Apenas me vio sentado comenzó a leer un poema que nunca había escuchado en toda mi vida, de un tal Constantino Kavafis. El curso que comenzaba ese semestre estaba dedicado a la obra de Homero y ella había escogido un poema del siglo XX llamado Itaca para hablarnos de la nostalgia de Odiseo. Su interés era el de hacernos entender, a todos los jóvenes que coincidimos por asuntos del destino en esa sala al final de aquella tarde de septiembre, que la nostalgia es la sustancia fundamental de la poesía. María Fernanda, así se lla...

lengua

En una antigua fábula se le adjudica a un esclavo llamado Esopo la preparación de una lengua como plato exquisito y despreciable, ella nos permite comunicarnos y saborear pero a la vez es capaz de las más terribles mentiras. La argumentación, en uno y otro sentido, adjudicadas a un órgano del cuerpo humano pone de relieve las tensiones y dualidades entre las que navegamos cada día. Al comer escribimos en el cuerpo un sinnúmero de reacciones que irán signando nuestros comportamientos y por ende nuestra historia, a la vez al escribir ofrecemos a la comunidad un bocadillo que puede ser sabroso o desagradable pero que también entra a circular en el cuerpo social. Por cierto que esto ya se sabe desde la antigüedad cuando los dioses del Olimpo libaban la ambrosía o cuando los incas ofrecían quinoa, el cereal madre en las ceremonias divinas. Las hambrunas medievales quedaron minuciosamente registradas en la literatura, desde El Decameron al Libro del Buen Amor, como en los relatos populares ...

una minga de dignidad

Atraviesa una historia de principio a fin de corrido para hacer un secreto donde permanecer a resguardo de la intemperie del ruido y de las palabras de los cuerpos huecos. Caravana de blabla azaroso de quien pronuncia en el olvido del hecho que la intención se escribe, apura a la letra y escribe antes si nadie pregunta. A salvo de ese estado de cuerpo maquinal, una a una, composiciones en secuencia acompasan lo obtuso de los días. Una vida es poco tiempo para un cuerpo y quedan cortos los sentidos a la experiencia al otro lado del empirismo, donde las cosas se hacen de haberlas escuchado, el vicio de leer y reposar en ecosistemas de lenguaje, que es el hábitat de lo que el mundo rechaza. Lo que el mundo, las cosas, alguna manera de decir de otra forma el repudio radical hacia el cuerpo. Si es bella la ciudad es que se puede perder entre las patas como de araña, largas, gruesas de los edificios opacos en la hora en que cae la tarde, a contraluz, la silueta gris de quien deambula afuera ...

cuaderno de apuntes

I Yo no sé escribir, pero me encantan los cuadernos. Mejor dicho, supe escribir hasta el día en que le mostré el cuaderno a mi madre. Todo aquel que conozca mi casa y satisfaga ese privado placer de la curiosidad por los asuntos ajenos (que yo dejo, tal vez, muy a la vista) podría percatarse de mi adoración por los cuadernos. En la biblioteca, o en los muebles que ofician de ella –aunque su funcionalidad sea muy distinta, como la cama de huéspedes o el microondas– se erigen altares, aras de cuadernos. Están agrupados por tamaño en pilas irregulares, pero es solo por una cuestión espacial, nunca por color o siguiendo algún criterio decorativo. Algunos otros, los más privilegiados y con un orden predestinado, están en un tramo al lado del libro sobre el cual tomé algunas notas durante su lectura. Nadie podría imaginar que hay un atisbo de criterio de orden en mi casa y esa decepción que el caos habitacional provoca en los hombres que se desenamoran de mí, me divierte. II Tengo amigas, mu...