una colección de pequeños actos
Observar los destellos de sol que viajan a miles de kilómetros a la velocidad de la luz, que se desarman en miles de partículas, que se esfuerzan por seguir vivos. Se retuercen las alfombras, las cortinas, los vidrios, las sillas, los adornos; todos golpeados por las milimétricas partículas. Los gatos caprichosos las persiguen y, si llegan a atrapar los rastros de la estrella mayor, beben extasiados el calor de la siesta. Comprar, en los bazares, tasas, pavas, ollas, mates. Fue la precisa consigna dejada en mi mente. Todos objetos raros, volubles, extraños, como antiguos juguetes japoneses. Victoriosa la infancia que se recubre en pequeñas marcas. Hacer planes para no llevarlos a cabo, imaginar viajes a lugares inexistentes, visitar la Luna, Atlántida o perderse en el Triángulo de las Bermudas. Ser verosímil en los sueños, tener sueños trasparentes y sin interpretaciones. Realizar descubrimientos inútiles, pensar en los documentos apilados en alguna oficina, pensar que me vuelve in...