mísero heroísmo
Vivo en la era del desapego y eso me da mucha tristeza. Los días en los que la vigencia de las convicciones y las palabras se disuelven a las dos semanas. Solo duran eso, lo digo en serio, dos semanas. Ya decía el viejo Marx que esta es la época en la que todo lo sólido se desvanece en cualquier parte, en la cama, debajo de la regadera, un fin de semana en la playa, en un congreso, en una fiesta, y eso, se los juro me da mucha tristeza. Soy de esa gente que piensa que las personas, los perros, ciertos amigos, no todos, porque algunos se lanzan unas cagadas insalvables que lo que dan es pena, bueno, que ciertas cosas, libros, recuerdos, son insustituibles. Soy de los que todavía están convencidos de que las personas son como los árboles, y la idea de que dos mil nuevos árboles jóvenes, o dos, o uno siquiera, sean un reemplazo conveniente de unos mil árboles, o dos, o uno, que en muchos casos tienen cien años, o diez, o dos o uno, es realmente ridícula. Hay personas que...