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Mostrando entradas de enero, 2025

instrucciones para lograr el olvido

A Julio Cortázar En primer lugar, recuerde que, desde que ocurrió el hecho, ya ha empezado a olvidar.        Luego, tome el hecho, retuérzalo. Con sumo cuidado, agarre los minutos, segundos, horas y métalos en una bolsa. Si son meses, amontónenlos en un cajón, todos enumerados. Luego, piense un número y tírelos por el balcón.        Sobre los detalles, infinitesimales, pequeños y mínimos, intente dudar siempre de ellos: si se trata de un pequeño botón, intente precisar ¿estaba tirado en la esquina del cuarto de cocina?, o ¿estaba ausente en la camisa que usó en esas lejanas vacaciones?, o ¿era una tenue imagen, capturada en un cuadro de gusto dudoso?        Siempre comience como le plazca: fue una tarde otoñal, con olor a jazmín, o era en una noche de un verano abrasivo. O todo empezó un jueves a la siesta, o era en 1998. Aquí vuelve a tirar y empiece de nuevo a jugar.      Si cree que ya...

fantasmas sin luces, son sombras

Vamos a través de una ruta imposible e infinita, llena de cráteres y lagunas. Si hay un pozo no se lo arregla: se instala un cartel que dice “Cuidado Pozo”. Son unos vivos bárbaros.        Cráter: la huella que alguien deja en la superficie cuando no se abrió el paracaídas. Laguna: lapsus del tiempo y el espacio que voltea el tejido mental hacia la otra dimensión más próxima, de la que no se tiene recuerdo alguno.      Lo bueno de no tener idea alguna de lo que se trata la vida es que ya nadie hace esa pregunta: “¿qué es, para vos, esta vida?”. No, ya nadie inquiere en eso, es moda antigua, y nadie quiere dejar en evidencia que le agarró la modorra existencial o que lagrimea a puro rebencazo del pasado. Escribirlo es otra cosa: tentativa de homicidio, puro intento. Por eso el cartel que nos pide disculpas, están trabajando.      Nunca he visto a nadie trabajar en un pozo: de hecho, ¿un pozo se crea o sencillamente ahí está? Lo...

calles

PARA QUIEN QUIERA ESCRIBIR CALLES      Cruzar la calle puede ser una buena imagen para escribir literatura. ¿Quién no ha visto un personaje cruzando la calle? Papá Goriot, sus hijas, sus criados, sus yernos cruzaban las calles empedradas de París y seguro que sus pies se torcían en el siempre vacío espacio entre medio de esas losetas, acribilladas por carruajes. ¿Y Lepold Bloom? Recorre las calles de Dublín, conversa, busca, persigue mozas, escupe, insulta y logra así el Bloomday. Los Buendía en las calles de Macondo recorriendo un circo, para encontrar un gitano, y así dar con la clave de la loca familia, que parece representar a toda la humanidad. Calles y más calles. Gente que baila en las calles por unas monedas como la Gitanilla, gente que se oculta en mateos para huir de una ciudad sitiada como Bola de Sebo, gente oscura y diminuta encubierta en ropas holgadas para desaparecer en los subterráneos como la vegetariana. Y así las ciudades y los pueblos laten en las c...

la moda de las tortugas

las caras brillosas del sofoco por el aire denso, sin brisa, la vereda en una silla incómoda donde la columna se entrega a la derrota del desvío, bajo un techo que destila perfume a plástico ajado, a partir de un momento en la noche el sorbo tibio se mezcla con la pena por el tiempo que, en definitiva, es de base nostalgia por los errores ya ensayados     humo, de fondo la certeza del timbre burlón de un acorde frasea entre la sorna y lo carnavalesco. Desde lejanías empieza a proyectarse la mente en imágenes, signos compuestos de memoria sentimental, fue reformulada tantas veces la variación posible del empalme de hechos con palabras para que la ruina ceda y la última piedra caiga al agujero. Sobrevuela la mirada el mundo que, pese a todo, sucede afuera. Pasan motos y dejan ese halo de aceite quemado y polvo, espectros de risas, rastros de vidas    cómo podría ocultar la somnolencia en el rostro a la exposición ante la curiosidad malsana de los unos. Ellos, esos,...