calles
PARA QUIEN QUIERA ESCRIBIR
- CALLES
Cruzar la calle puede ser
una buena imagen para escribir literatura. ¿Quién no ha visto un personaje
cruzando la calle? Papá Goriot, sus hijas, sus criados, sus yernos cruzaban las
calles empedradas de París y seguro que sus pies se torcían en el siempre vacío
espacio entre medio de esas losetas, acribilladas por carruajes. ¿Y Lepold
Bloom? Recorre las calles de Dublín, conversa, busca, persigue mozas, escupe,
insulta y logra así el Bloomday. Los Buendía en las calles de Macondo recorriendo
un circo, para encontrar un gitano, y así dar con la clave de la loca familia,
que parece representar a toda la humanidad. Calles y más calles. Gente que
baila en las calles por unas monedas como la Gitanilla, gente que se oculta en mateos
para huir de una ciudad sitiada como Bola de Sebo, gente oscura y diminuta encubierta en ropas
holgadas para desaparecer en los subterráneos como la vegetariana. Y así las
ciudades y los pueblos laten en las calles, con gente que vocea verdades y mentiras
como Lázaro de Tormes y sus amos, pero también, viajeros, migrantes como
Giovanni luchando con la pobreza en las calles de Buenos Aires para luego
viajar al interior de las crueles provincias, y también perseguidos, bandidos o
atormentados como Raskolnikov, todos forman el torrente del que se nutre la
ciudad. Emma Zunz bajando al puerto entre el odio y el miedo, Olivera husmeando
en los recovecos oscuros que bordean el Sena, Nené coqueteando en los barrios
arrabaleros de Buenos Aires. Sí, cruzar la calle es buena experiencia para un
personaje, ya tiene un buen comienzo para su próxima novela, ubique al personaje
en la página, al lado apoye la palma de su mano hábil, doble el índice y
empújelo levemente, ese sujeto que usted ha creado comenzará a moverse en su
propia dirección, sólo le queda seguirlo.
Ana Gutman
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