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Mostrando entradas de marzo, 2025

la Graham se lamenta

La Graham en su danza sentada se lamenta. La menta verde refresca, renueva como la lluvia.  Envuelta ella casi toda en un tejido tubular elástico (o en un “tubo” de jersey, en un cilindro blando) púrpura o “verde” según el registro audiovisual que veamos; quedan solo descubiertos los pies, el rostro –modernamente maquillado–, el cuello, las manos y algo del pecho –que igualmente está recubierto por otra capa de tela de casi el mismo color, de una malla o camiseta–. Los extremos del cuerpo y los cuerpos al extremo. Elasticidad y límites del cuerpo, de los tejidos, de los vestidos.  Monocromática, minimalista Martha.  La Graham danza encadenada (aquí Nietzsche), se lamenta pero danza igual; está sentada y atrapada en la tela que por suerte es elástica, stretch . Danza el lamento con lamento, de frente y en el centro. Baila un rato lo que nos duele.  La pieza de danza en cuestión data de 1930. Se estrenó el 8 de enero de ese año en el teatro Maxine Elliott de Nu...

ideas sobre Laiseca

Alguien mencionó Laiseca y agregó casi en trance que allí se le figuraba el idioma de los argentinos. Descreo, sin entusiasmo. La resonancia en mi cabeza de la frase “idioma de los argentinos” hace desfilar los nombres de Borges y Arlt en sus artículos homónimos contra Moner Sans; más para atrás Lucien Abeille y su Idioma nacional de los argentinos . Pero, ¿y Laiseca? Laiseca: un tono y una ¿ética? Los textos laisequianos, estimo, no son corrosiones de la realidad sino la etnografía desvelada de realidades entrevistas en los sueños de la razón. ¿El procedimiento? Sarlo comentó sobre La hija de Kheops que estaba construida sobre dos pilares extraños a nuestra cultura: “una relación previsible y ordenada con la muerte” y “una relación distinta con la ciencia”. ¿El efecto? Luis Gusmán, en su reseña sobre las Aventuras de un novelista atonal , menciona el “efecto de estilo tendiente a la ruptura de códigos literarios anteriores” (pensemos también en Puig, Lamborghini o Piglia). ¿Cómo cla...

cuerpos

Siempre hay un cuerpo, la mano que escribe, el pulso que late, los músculos que se tensan y se relajan. El texto mismo es un cuerpo, armónico o desmañado, erguido o encorvado, ágil o parsimonioso, que va tomando forma al correr de la pluma o al golpe del teclado. Ese cuerpo se desliza por la página como un bailarín en el escenario, o como un tigre atravesando la estepa. A la vez en esa escritura se habla de cuerpos, de lo poco que los sentidos nos aportan, de lo supuesto, lo conjeturado como vivencia, como emoción o como sentimiento. Son cuerpos que devienen pensamiento como Meursault, rabia como Antoinette, o dolores como el coronel de García Márquez. Desde las epopeyas griegas las descripciones de los cuerpos ocupan un lugar preponderante en los relatos, hace falta nombrarlos, describirlos, detenerse en su potencia o en sus faltas; ponerlos en un lugar, darles movimiento, mostrar como lo ven los demás o como se ven a ellos mismos. Todo esto puede estar dicho, sugerido o figurado para...

cultivo de la nada

Lo que alguna vez fuera mecerse en las palabras, en el significado, ahora la palabra lo cobra en laconismo de la frase. Una coerción como destino, de hacer existir la imagen aunque el sentido caiga. Horas frente a las páginas de lectura, más las horas de rechazar pensar y, a cambio, trasponer el tiempo del pensamiento al tiempo de la letra dibujada. Rituales ópticos drenan las cosas del plomo de la realidad. No hay qué decir frente a la página en blanco y, no obstante, el deber de resucitar del silencio la composición sonora de lenguaje.  En la intemperie, sin techo, a solas el cuerpo con los vahos de la idea, ante el desierto se escucha lejano el viento, cómo responder al pedido de escritura con algo cuando el fondo es necesidad de texto para empapelarse el abismo. En la noche como en el amanecer, al regresar de la pesadilla al sueño de los ojos abiertos tanto como durante el cansancio cuando comprime la carne contra los huesos, sobre la silla o de pie, en la calle y entre las c...