la Graham se lamenta
La Graham en su danza sentada se lamenta. La
menta verde refresca, renueva como la lluvia.
Envuelta ella casi toda en un tejido
tubular elástico (o en un “tubo” de jersey, en un cilindro blando) púrpura o
“verde” según el registro audiovisual que veamos; quedan solo descubiertos los
pies, el rostro –modernamente maquillado–, el cuello, las manos y algo del
pecho –que igualmente está recubierto por otra capa de tela de casi el mismo
color, de una malla o camiseta–. Los extremos del cuerpo y los cuerpos al
extremo. Elasticidad y límites del cuerpo, de los tejidos, de los
vestidos.
Monocromática, minimalista
Martha.
La Graham danza encadenada (aquí
Nietzsche), se lamenta pero danza igual; está sentada y atrapada en la tela que
por suerte es elástica, stretch. Danza el lamento con lamento, de frente
y en el centro. Baila un rato lo que nos duele.
La pieza de danza en cuestión data
de 1930. Se estrenó el 8 de enero de ese año en el teatro Maxine Elliott de
Nueva York. De la coreografía, el vestuario y la interpretación se encargó
Martha y de la música el compositor Zoltán Kodaly. Ya antes, la alemana Mary
Wigman había presentado su solo Witch dance (claro antecedente).
La figura es un triángulo púrpura (o
verde) sobre negro. La bailarina comienza moviendo de un lado al otro la
cabeza. Dice no. Decir no. Un talón está apoyado, la otra parte del pie
se levanta. Se apoya toda la planta en el suelo. Se vuelve a levantar una
parte. Se apoya la planta de nuevo. Tensión y relajación del pie. Se repite el
movimiento. Precisamente su técnica, la técnica Graham, se basa en los
principios de contracción y relajación.
Hay balanceos de izquierda a
derecha. El triángulo ahora está partido. Duele el vientre. Duele la
desgarradura que dura. Hay balanceos: atrás y adelante va el tren superior.
Camisa de fuerza autoimpuesta.
En el tejido de punto con spandex
se forman suaves pliegues. Aparecen y desaparecen. La tela se expande y se
contrae. Se estira. El cuerpo, con el textil, el aire y la música dibujan
diagonales. Hay diagonales. Hay líneas de fuga. También hay círculos,
claro. Gravedad. Tren superior que cae. Piernas abiertas. Parir. Ir y venir.
Reposo y movimiento. Recuerdo a las estatuas vivientes monocromáticas de la
peatonal. A esos hombres pintados de plateado o dorado que al sonido de una
moneda que caía en la lata te regalaban un agraciado y lento movimiento y una
única mirada. Luego otra vez, descansaban en quietud y con los ojos cerrados.
Martha se mueve mucho, no es una estatua aunque lo parezca.
Por unos segundos una Madonna de
Leonardo. También, La Pietá de
Michelangelo (sin Cristo).
De a ratos no quiere ver. De a ratos
levanta la vista hacia arriba y a un costado.
–¿Quién es?
De nuevo los círculos. Otra vez. Las
manos juntas. Una envuelta y la otra no. Una acaricia a la otra.
La Graham se levanta. Se abraza. Se
acaricia el rostro. Mece. Pide lluvia. Lluvia púrpura.
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