de tal manera mi razón enflaquece
Yo fui un niño bien educado, un guevoncito que a veces hasta le servía de monaguillo al padre Marcelino. Crecí en un mundo de actores en el que los curas parecían buenas personas pero eran medio pedófilos. Cuidaban las formas y eso era lo único que importaba. En ese mundo los guardias eran medio honrados, y se pasaban todo el santo día jodiendo a los demás, pero cuando caía la noche, bueno, se iban de bares, de putas, se metían su perico, y vendían alguna que otra arma decomisada a algún atracador de bancos de baja calaña, y claro también extorsionaban a los contrabandistas de cigarrillos tailandeses, y a los chulos de las putas que eran sus novias, pero a la mañana siguiente, amanecidos y todo, se metían su pasecito para salir del letargo, y buscaban a sus hijos para llevarlos al colegio por las mañanas, y en el camino, paraban el carro frente a una panadería y les compraban un cachito de jamón y queso y medio litro de chicha El Chichero, para que tuvieran el desayuno listo en la...