desidia


Un día atendiendo un paciente con un intento de suicidio en consultorio de un lugar público empezó a nevar. A nevar dentro de él. Sí, dentro del paciente nevaba, había una helada importante en su deseo de vivir, pero dentro del consultorio también nevaba. ¿Nieve dentro de un consultorio? ¿Cómo es posible? No sabía de cuál nieve ocuparme primero. La nieve del consultorio, la nieve y niebla del paciente que, sorprendido, miró a su alrededor. Quizá la nieve de afuera lo despertó.

Esa nieve que caía, ya la había visto, cada día al ingresar al consultorio veía mis cosas llenas de algo blanco… Era la pintura del techo.

La pintura del techo que cansado de no ser útil en este sistema porque no estaba en condiciones de seguir pegada a esa humedad decidió dejarse caer. Decidió caer a ver si alguien la veía y se daban cuenta que necesitaba refuerzos, que necesitaba que arreglen la pérdida del caño de agua para que ella pudiera RESISTIR mejor.

¿Cómo es posible llegar a esas condiciones? ¿Cómo es posible que nadie se diera cuenta que la pintura estaba cansada, que el techo estaba resistiendo y el caño avisando de una pérdida?

La pintura del techo se cansó de la desidia y decidió caer para que la VEAN.

La desidia va de la mano del interés personal, de la individualidad y la mirada concentrada en el bolsillo privado. La alienación al sistema genera un agotamiento profundo, desatando una niebla mental, un estado de congelamiento de las ideas. La desidia genera desideas. Entonces, para no ver todo eso, me concentro en lo que sí puedo hacer que es ver qué hace el otro, porque en el lugar donde estoy, estoy incómoda, estoy mal sentada, está nevando a mi alrededor, encima de mis cosas y encima de los pacientes. Estoy sobreviviendo a la institución.

Con otro paciente imaginé un terremoto, de repente un ruido y un movimiento de su silla me hizo dudar. No era el terremoto de su vida sino ver cómo la silla se movía.

Una silla plástica que pasó por una idea de reutilización no muy buena. Una silla plástica arreglada con unos tornillos en su respaldo para poder reutilizarla. Sí, tornillos, allí van personas sufrientes a sentarse y hablar de su malestar.

¿Cómo es posible que haya un terremoto dentro de un consultorio? ¿Cómo es posible que esas sillas no se cambien? ¿Cómo es posible que caiga nieve en un consultorio? ¿Cómo es posible que no se pueda arreglar una humedad? Si sólo es pedir por nota un arreglo. Las respuestas son: “Pero no nos van a escuchar”; “Las notas las guardan, las archivan, no nos dan bolilla, estamos acá al fondo, no interesa”; “No hay gasas, nos van a comprar unas sillas…”.

Y así, las desideas más la desidia se unen para sostener el malestar. Malestar que no cambia si no se dice, si no se reclama, si no se hace nada. Entonces, estoy aquí escribiendo para decir, para mover. Después de escribir filmé la nieve. Hoy están arreglando el techo.

Así que permiso, después de decir voy a hacer una nota a una empresa para pedir una donación de sillas, me resisto a las desideas.  





Luciana González Barrau  


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