a contraluz
Las sombras… ¿Se
oscurecen cuando se superponen?
Wim Wenders
Puedo escuchar
el rugido de la escritura pero no las palabras. La música en alto volumen vibra
en las cosas, los graves reaniman la madera; el vidrio; terminan en la pared.
Después de pronunciar y de desvariar, se asimila el hecho del silencio. Las
palabras derribaron uno a uno los muros hasta el núcleo ígneo de la mirada en
reposo. Todavía queda el mundo pero el mundo queda todavía, lejos de la
práctica tautológica, escribir como una uña que surcara la montaña hasta que
viniese el agua. El desastre de ordenar las palabras. Vacía del vocabulario corriente
con el que siempre hablo de las cosas que me dedico a replicar, estar muriendo,
no poder morir. El viento en la cara que hace atravesar en velocidad el aire,
quema de agua bajo cero. Cuando la vida pasa por sobre la pesadumbre de los
cuerpos pasan los cuerpos por encima de la vida, qué nombre habría que ponerle
a atravesar la espesura de la maraña privada: junco. El escalofrío del agua que
recorre la espalda, la enfermedad asoma en silencio, implacable. Hay un tipo de
luz que la cámara no capta, la del saludo del sol a los pasillos entre el
ramaje. Hacia el amanecer, no sabe el aire fresco que quien se levanta se
despertó y quien anda de pie así, en los primeros rayos, mira la transición, la
transformación de la materia oscura en vacío. Porque la noche es como si
estuviera completa y el día, en cambio, hueco. Mi padre murió en cama sin que
fuera a visitarlo, vida significó elegir entre cumplir y otra cosa, lo que
fuera, el día abastecido de tareas rutinarias que se contrapongan al deber. A
la mañana cortejar la claridad, hacia el amanecer en esa hora oscura
inmediatamente anterior al crepúsculo, cuando la ceguera es plena y quien abre
los ojos no sabe quién es. Los recuerdos, es decir las rutinas, de a poco
introducirán al cuerpo a la identidad pacífica del cotidiano. Deshacer la cama.
Rociar las hojas de las plantas. Lavarse el cuerpo, los dientes, la ropa para
salir. Monedas para el camino, las llaves. Afuera siempre en punto en el reloj,
los ojos entornados al cielo a ver si llegó antes el cuerpo o el astro. Una
canción. Los otros. El encanto de repasar con un trapo el vidrio y quede
pulido, áspero de limpio. La basura que se encuentra en los lugares de paso
humano es siempre distinta pero es igual que hay que retirarla. Guardar la
basura con la basura y arrastrar los residuos con líquido astringente
perfumado. Las personas van y vienen, no es una referencia a la labilidad sino
una descripción literal, las personas van y vienen, practicar el uso de
referencias fijas consiste en hacerse de una estaca y agregar hilos a la cuerda
que a ella nos acerca o aleja. En caso de poder permitirme la metáfora diría
que es necesario revisar los pasos contra los enredos pero decir la cuerda que
a la estaca acerca es lo mismo que decir las migas que en el camino se dejan,
de granito, de estalactita o de silencio, recordar de dónde se viene y a dónde
se llegó cuando se caminó partiendo hacia equis. Llegar a equis es fortuito y
hacerse de una referencia no es definitivo ni quiere decir estabilidad. La
primera referencia es el cuerpo, cuando este duele hará las veces de aquella el
ciclo del sistema solar. Es de esa manera, es buscar en la realidad. Cuando
padre murió y no fui a verlo, ni vi más a nadie, lo que quería era dejar de
verme a mí. No el rostro del espejo, al de la historia. Hay un momento en el
día, que es la mitad del día, en el que llego a visitar a mi amigo, y esta es
otra referencia. Amigo o mi tótem o deidad personal, un árbol alto de ciento
ochenta años. Cada día yo fotografío esa conversación entre las ramas y el sol,
es la hora en que el sol cae directo desde arriba y, a su vez, el ojo de la Vía
Láctea saluda al ojo de la cámara. Una cámara analógica, en la que cada cambio
de estación se notifica con que llevo a revelar los rollos. En una tienda vieja
de las que ya no existen. De la manera como también, escucho música en
dispositivos que ya no existen, a través de un ejercicio de la tecnología
antiguo, de engranajes, polvo y sonido hueco. Casettes de un lado y del otro,
en parlantes que no son salidas de onda sino producción de onda, pese a todo.
Próximo a la música en vivo. Algo con el cuerpo, lo sepia, porque afuera la
ciudad está llena de luces y no me molestan, me es ajena. Algunos días paso por
el comedor donde la mujer de siempre está y me espera con un vaso de té helado
de cortesía, ella es hermosa y yo la adoro en la trama de las palabras que
nunca diremos y las miradas. Para que la consistencia de la vida cobre forma
hay que percudirla de historias y es complejo el efecto de esta necesidad en
alguien que decidió dejarse aparte, a un lado, la cabeza llena de arena y las
manos sólidas. Cada periodo fue empezado a transitar con las palabras de otro,
es cierto que es un tipo de resignación. La vida nunca será suficiente para que
un cuerpo alcance el culmen de experiencia que la imaginación ofrece como
promesa. Cada día por eso, surfeo en lo que otros hayan podido recortar de la
totalidad. Una pequeña cuota de vida que observo de lejos, la misma que le
supongo al niño perdido en los baños al que aquella madre pasó a buscar
apurada; era suficientemente pequeño como para refugiarse en el parque en esas
zonas, donde un cartel con un niño que señalizaba algo distinto, fue leído por
él como el punto en el que se encuentran niños como él era, con remera amarilla
y pantalones cortos. La madre pasó y se alejaron en un paso teñido de urgencia
cuando, en realidad, apuraba los de ella el remordimiento. Qué tipo de persona
pierde a una persona. También están los libros de poesía y los que ensayan
explicaciones para las palabras. Ir por cada uno de esos tramos hace extraerle
minuciosamente al tiempo su dicha, el desborde de lo sin límite a la par del
sueño del alguna vez. Cómo empiezan
las historias: érase una vez… un hombre que quiso estar callado en silencio de
libros y la fotografía de aquella conversación entre la lumbre y el cuerpo
opaco de clorofila. Entonces los libros, por el orden que ofrecen a lo que es
caos informe y gritón. Contra el ruido, contra la electricidad y contra la risa
metálica de la gente aturdida.
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