insomnio
No vale la pena dormir si es posible tejer sueños despiertos en compases de aliento La madrugada es el espacio donde podemos forjar nuevos caminos La brisa de esas horas trae a nosotros imágenes inconclusas a las que damos forma en el entresueño No cabe duda que es la mejor hora para morir para hacer el amor para sembrar auroras cavilantes que se abran paso en la mañana La bulla de los perros que viene desde lejos hace saltar nuestros temores Gente tosiendo en las casas vecinas mujeres llorando su derrota una gota perenne en cualquier baño abandonada a su suerte Es el mejor momento para la relectura de los clásicos para improvisar cual sueño súbito las escenas que tanto tememos las frustraciones los sueños equívocos el llanto inacabado la sonrisa fija que no fluye En ese instante del gran día queda un espacio para el encuentro con lo no logrado con lo ignoto con lo que está por estallar A esa hora recibir visitas resulta maravilloso Alguien que llega de viaje o que vuelve del bar huyendo de las derrotas puede traer algún sándwich algún helado un jugo una cerveza que nos aterrice en la vida y nos dé compañía que nos acerque al dolor a la alegría de aquel que llega con su fiesta a cuestas Es la mejor hora para sentarnos a revisar los manuscritos los proyectos Para planchar la ropa y probárnosla frente al espejo Es la mejor hora para limpiarnos los dientes pulir los zapatos lavarnos el espíritu hablar con nuestros muertos antes de que la aurora nos devuelva a la rutina que nos obliga a estar despiertos.
José Javier Sánchez
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