la relación entre hombres y mujeres en un mundo derechizado


Desde hace varios años una de mis obsesiones favoritas es analizar los vínculos entre hombres y mujeres, intentar descifrar de qué forma y cómo los contextos, los cambios en lo social y cultural alteran y modifican estas relaciones. Cuando entrás a profundizar es como si te tomaras la pastilla roja de Matrix. Por eso, y después de charlarlo con tantas mujeres, me pareció interesante buscar otros posibles espacios de intercambio.  

Mi forma de compartirlo es desde los lugares que me abrieron a mí estas preguntas: los libros fundamentalmente pero también otros contenidos que me llegan, el último fue un documental que se llama “El silencio de los hombres” de Lucía Labarsky que puede verse en BAFILMA, una plataforma audiovisual de Buenos Aires, y mi otro recurso es la vida misma, mis experiencias y las de muchas amigas y conocidas.

Como disparador arranco con la pregunta: ¿Qué pasa en la relación entre hombres y mujeres?, y planteo dos escenarios actuales diferentes:

 

I

Hay una novela que se llama “Cómo me enamoré de Nicolas Cage”, de la escritora argentina Carla Quevedo que leí en 2023. La historia es simple, una chica, Marta, se enamora de “el cantante de Unabandafamosa”, Nicolas Cage, que no, no es el actor. La cosa pinta bien al principio, pero se va tornando rara después, mucho de la relación se da por mensajes de texto, él le responde a veces muy bien, otras veces no le responde, se desaparece por un montón de tiempo, reaparece como si nada, pasa el tiempo y la concreción que ella quiere no llega. Y, como debe ser, ella se obsesiona locamente. En el medio aparecen otros temas como la ansiedad y la depresión, los sueños de éxito personal, la dependencia emocional, la necesidad de aprobación externa y el deseo, el deseo femenino. Marta, nuestra protagonista, desea, se calienta, masturba y tiene las más variadas fantasías sexuales en gran parte del libro, y no tiene problema en decirlo. No es un libro erótico porque está rodeado de imposibilidad, de escasez a pesar de los constantes intentos de Marta.

¿Y cuál fue mi camino personal con este libro?: descubrir que el mundo que describe Marta está existiendo como una pandemia en nuestro día a día. Que, de alguna manera, el destrato emocional es bastante habitual en los vínculos y que generan una nueva forma de violencia, sutil, pero dolorosa. ¿Y qué tendrá que ver esto con la derecha y la igualdad?, por ahí se pregunta alguien, y aquí quiero citar a la escritora Mona Chollet que en su libro Reinventar el amor, dice: “Muchos siguen convencidos de que nuestros sentimientos y nuestras actitudes en este terreno son debidos a decisiones individuales enteramente libres, y que no tienen nada que ver con condicionamientos sociales; como si la cultura no fuera lo que nos constituye desde el origen, lo que nos moldea hasta en lo que creemos más profundo, más íntimo y más personal, sino solo una mano de barniz aplicada sobre una naturaleza humana que podría existir independientemente de ella. <<Todos estamos fabricados- escribe Amandine Dhée-. Solo una vez que lo hemos reconocido podemos inventarnos un poco>>”.

Charlé con amigas y conocidas, también con algún que otro varón del tema. Dos amigas me recomendaron leer Putita golosa de Luciana Peker, donde magistralmente detalla desde el ensayo lo que Carla Quevedo construye en la ficción. “El maltrato no es equivalente al destrato. (…) Es más difuso. Pero también dispara como un dardo sobre la autoestima: la indiferencia sistemática cargada de desprecio de los vistos celulares, que destejen la independencia femenina en dependencia del varón deseado, pero esencialmente, del propio deseo vuelto (…) un enemigo imprevisto para las mujeres heterosexuales. Algo así como que si vos decís que tu deseo es tuyo yo te corro la cara para que sepas que con tu deseo solo no vas a cambiar el mundo”. Lo que jode es el deseo, dice también Peker, y suena tan cercano a la realidad. Otra amiga psicóloga me contó que muchas de sus pacientes le plantean el tema y la forma en la que afecta su autoestima, como el elemento común es buscar el error en una misma, en lo que hice, en lo que no hice. Esa costumbre de pensar que si no somos elegidas es porque algo nos falta o algo no hicimos bien. El creer que, si entregamos más, mejor, si nos damos enteras, el otro se va a dar cuenta de que tiene que elegirnos. Como hace Marta, callando, esperando un mensaje eternamente, dejando su vida en pausa, a la espera del próximo mensaje de Nicolas Cage, siempre dispuesta, disponible, preparada para demostrarle su amor incondicional. Waw, cuánto camino nos falta desde ambos lados en lo emocional.

Otros libros de narrativa que hablan del tema pueden ser: “Si no fueras tan niña” de Sol Fanti, “Amo a Dick” de Chris Kraus, “Conjunto vacío” de Verónica Gerber, “El celo” de Sabina Urraca.

 

II

En los últimos meses leí dos novelas que me impactaron un montón, una es viejita y la otra bastante nueva: “American Psycho” de Breat Easton Ellis y “Amigdalatrópolis” de B. R. Yeager. Ambas hablan de las masculinidades, más bien de la crisis de la masculinidad. En “Amigdalatrópolis” se cuenta la historia de /1404er/, un protagonista anónimo. Un hombre joven que vive encerrado en su habitación, en la casa de sus padres, y desde ahí vive la vida a través de la dark web. Un incel hecho y derecho que, a través de sus búsquedas, las entradas que lee o las que comenta nos permite ver tanto su crueldad y misoginia como la de todo ese mundo digital en el que está inmerso día y noche. Se habla y festeja la brutalidad sexual, la cosificación y el odio a las mujeres, se reivindica el derecho sobre nuestros cuerpos y la posibilidad de quitarnos la vida hasta solo por diversión. Crueldad en su máxima expresión. Y otra vez, lo impactante de esta historia es que sabemos que también está pasando en el mundo real, que la extrema derecha tiene como una de sus características la reivindicación del poder sobre las mujeres, sobre nuestros cuerpos y voluntades. Utilizan como recurso un discurso que desprecia los avances en igualdad y los muestran como una afronta a su existencia masculina, con frases conocidas como “fueron demasiado lejos”, “se pasaron dos pueblos” y otras tantas que venimos escuchando cada vez con más frecuencia. Es en el anonimato de los espacios virtuales donde más proliferan estas extremas formas de pensamiento. En estos contextos se reproducen personajes como las tradwife, esa idealización y vuelta de la antigua mujer ideal, que es el alimento de los incels que tanto circulan por la red: sumisa, sumisa y con una sonrisa de satisfacción de serlo. Allí se encuentran y se retroalimentan sin límite.

Un conocido que leyó la novela me decía que él creía que no estaba bueno exponer y publicar este tipo de historias porque terminaban siendo un manual para quienes todavía no están tan al tanto del tema. (Dicen que eso pasó precisamente con la otra novela de las que les quiero hablar, American Psycho, que a pesar de que fue escrita con sarcasmo es tomada como guía por algunos tipos de personajes de la manosfera.) Me quedé pensando un montón en esa postura, porque mi idea inicial siempre es que el hablar de los temas permite dar a conocer realidades para encontrar las respuestas en comunidad, más cabezas y sensibilidades dispuestas. Ayer estaba escuchando una charla del Malba que hablaba de literatura y política en la obra de Fogwill, particularmente hablando de los Pichiciegos, y dijeron algo ahí que quizás sea una punta de esto que me generó como respuesta la duda sobre el valor de Amigdalatrópolis. Lara Segade contó que lo particular del libro fue que se publicó en el contexto de la guerra, mientras estaba ocurriendo, y que por eso fue una contraposición a las ficciones estatales del “estamos ganando” que tanto se difundían por todos lados en ese momento. Los Pichiciegos se erigió entonces “contra ciertas maneras estúpidas de nombrar la guerra, tal vez esas que consisten en no nombrarla”, dice Segade. Y plantea como cierre el valor que tiene ese trabajo singular de la literatura que, al nombrar el mundo, lo transforma. Eso, nombrar lo que está pasando para transformarlo.

American Psycho” es una de esas historias que se denominan clásicos, el que no leyó el libro o vio la película al menos escuchó hablar de ella. Nos muestra un mundo de varones con recursos compitiendo entre ellos y haciendo uso y abuso de las mujeres a su alrededor. Una sátira escrita en 1991 por Breat Easton Ellis y llevada al cine por la directora feminista Mary Harron. Tanto el libro como la película están presentados como una sátira del narcisismo neoliberal pero hoy en día son tomadas como un modelo por muchos varones. Como dice la filósofa Danila Suarez Tomé al analizar el fenómeno, en el momento histórico que vivimos, “el monstruo se volvió en aspiracional”. Y porqué la relaciono con Amigdalatrópolis, porque estos personajes que se esfuerzan por mostrarse exitosos, atractivos y con acceso a lo que quieren están muy cercanos a los incels, cuando las mujeres a las que intentan acceder les dicen que no, es decir, cuando se frustran en sus deseos neoliberales de consumo femenino, llega la frustración masculina y con eso el odio, la misoginia. Pero eso no pasa en Salta, quizás diga algún lector de estas líneas, y yo les digo que sí que, en los espacios de poder, en los espacios en los que hay una asimetría marcada entre hombres y mujeres, este tipo de situaciones son habituales y que la mayoría de esas mujeres callan porque saben que están en total desventaja. Yo viví hace poco una situación con uno de estos varones, en el final de una fiesta de trabajo, al aceptar compartir un taxi con un compañero de trabajo que conozco hace más de 10 años, que durante el trayecto me tocó e intento besarme por la fuerza. Yo, la que se animó a hablar y denunciar es quien ahora tiene que ver cómo funcionan esos mecanismos, como se abroquelan y resguardan entre ellos. Ver como ese accionar avala que incluso lo determinado por una jueza, hablo de la perimetral, no se cumpla en mi lugar de trabajo. Estoy en el medio de esta situación, todavía tengo esperanzas de mejores decisiones. En todo este proceso, y también antes, escuché las historias de muchas otras mujeres que vivieron situaciones similares y que decidieron callar, para resguardarse, resguardar su trabajo, lo construido con tanto esfuerzo. Sí, aquí en Salta también están presentes esos hombres que creen que por tener algún poco de poder pueden acceder a quien quieran y que un rechazo puede despertar los mayores odios grupales.

Otros libros que plantean el tema de las masculinidades y las relaciones desde distintas perspectivas pueden ser: “El club de la pelea” de Chuck Palahniuk, “Perra” de Marie Pier Lafontaine, “El aniversario” de Andrea Bajani o “Los afectos” de Rodrigo Hasbún. 

 

III

La escritora bell hooks tiene un planteo muy amoroso sobre la dificultad de los vínculos entre varones y mujeres, por eso me gusta leerla. En su libro “El deseo de cambiar. Hombres, masculinidad y amor”, hace un recorrido por el lugar de la mujer en relación a esta situación, el lugar que yo estoy ejerciendo ahora, las mujeres hablando de las dificultades que tienen y tuvieron para relacionarse con los varones de sus vidas (padres, hermanos, parejas). Algo que también hace Lucía Labarsky en el documental “El silencio de los hombres”, en el que entrevista a varones de distintas edades que hablan de la imposibilidad que tienen de hablar de sus sentimientos con sus pares, de abrirse, de contar sus penas, temores, dolores, y de lo que significa eso en sus vidas. También lo hace Mona Chollet en el libro Reinventar el amor o Luciana Peker en Putita golosa.

Hooks dice en ese libro sobre este lugar de nosotras: “Las mujeres hemos creído que podríamos salvar a los hombres que hay en nuestras vidas dándoles amor, que este amor serviría de cura para todas las heridas que les infligen las agresiones tóxicas a sus sistemas emocionales. Las mujeres pueden participar en este proceso de curación. Podemos guiar, instruir, observar, compartir información y habilidades, pero no podemos hacer lo que los niños y los hombres deben hacer por sí mismos”. Y cierro con esta otra frase de ella: “La vida me ha demostrado que cada vez que un solo hombre se ha atrevido a transgredir las fronteras patriarcales para amar, las vidas de mujeres, hombres y criaturas han cambiado y han mejorado claramente”. 




Violeta Paputsakis

Comentarios