pinto naturalezas muertas


Desde hace un tiempo pinto naturalezas muertas. Hace al menos, ocho años que las pinto de una u otra manera. Son naturalezas muertas con y sin partes de figuras humanas. Pinto también ese espacio tan ecléctico de la casa: la cocina así, la cocina asá...

Resulta que me había fascinado con dos obras. Una fotoperformance de Marina Abramović (2009) homenajeando a Santa Teresa y un videoperformance de Martha Rosler (1975) criticando el rol de la mujer en la cocina. A las imágenes de la Abramović las había visto por primera vez en una VOGUE. Luego de unos años de ese primer encuentro, encontré un libro con reproducciones de esa obra y texto de Mateo Feijoó en una librería en Buenos Aires, precioso, de tirada corta, editado por La Fábrica. Al video de la Rolser no sé cuándo lo vi por vez primera y tampoco sé cuántas veces lo reproduje en YouTube, ni a cuantas personas se los mostré entusiasmada. Esas dos obras fueron fuertes referentes, fundantes, obras inspiradoras, potentes. También en ese entonces, tomé fotos a una chef salteña trabajando en su cocina que luego transformé en pinturas en un papel obra que tenía dando vueltas. A esas las pinté con un dedo lastimado que era mucho más que eso. (¿Cuántas veces en su vida una cocinera, un cocinero, lastimará sus dedos?) 

Pasados unos años, escarbé como arqueóloga o como bicho insecto en el archivo familiar. Me detuve en algunas fotografías en blanco y negro. Fotografías de mis abuelos ligadas a la cocina, esas que quizás estaban acompañadas de relatos que escuché en algunos tiempos y que recordé quién sabe por cuáles razones. Traspasé, copié, partes de estas al papel, con el pincel humedecido con colores acrílicos. Hice entonces pinturas en pequeño formato, compuse nuevas imágenes que expuse en algunos espacios pero no sé si pude componer el corazón. 

También confeccioné precariamente dos libros de artista. Uno a modo de bitácora de la serie de la que vengo contando que titulé no sin dudas Conato de cocina en 2022 y de la que hoy flotan sus derivas (me refiero a los bodegones que estoy pintando actualmente y otras ideas, idas y venidas). Tengo recaídas como una adicta. El otro libro, sin palabras adentro, y partido en dos. 

Y así, hoy estoy pintando bodegones, stilleven, con marcas pop: Manaos, Taragüí, Dulcor... Las marcas son de un antiguo dolor.  





Emma Bartoloni  



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