laconismo
A mí me gusta
escribir desde siempre. Antes, cuando no había aprendido las letras del
alfabeto, también escribía. Digo desde siempre porque cuando los signos que
utilizada eran poco menos que garabatos, es decir, meros significantes que solo
podía entender yo, también escribía, o repetía un gesto gráfico que había visto
en algún lado y me pareció interesante. Yo tomaba las bolsas de pan que iban
quedando vacías en mi casa y empezaba a rayonearlas. Ahí, con esas rayaduras
arbitrarias contaba algo y apenas terminaba, se lo llevaba a mi mamá, una
señora semianalfabeta pero muy sensible que pasaba las tardes sentada en la
mesa de la cocina mirando la telenovela de las 2 en un televisor en blanco y
negro que parecía una escotilla de transatlántico. Cuando ella tomaba entre sus
manos aquella bolsa de pan de papel marrón que por accidente se había
convertido en un manuscrito, disimulaba su sorpresa y comenzaba a leer en voz
baja lo que supuestamente estaba codificado en aquellos garabatos.
Imaginen que en vez de salir corriendo para ir a llamar a la oficina
del Hospital psiquiátrico de Valencia, para comunicarse en estado de alarma con
el Dr. Pedro Tellez, me miraba y me decía, hijo ¿te puedo hacer una
recomendación? Sí claro, le respondía yo, muy serio, como si fuera un escritor,
y entonces continuaba diciendo lo siguiente: escribe frases cortas, es lo
mejor, porque así las ideas son más inteligibles para los lectores. Yo quedaba
maravillado y regresaba a mi cuarto con mi pedazo de papel arrugado y mi lápiz
sin punta. Supongo habría oído esa frase en alguna película de los años
60.
Es así como aprendí que cuando se escribe lo mejor es expresarse con
franqueza, brevedad y simpleza. Resulta que lo emprendí de una mujer que nunca
se atrevió a redactar una sola frase en su vida. Luego con el tiempo, aprendí
que los griegos entendían que la mejor manera de escribir es con frases cortas
y sin irse por las ramas. Es decir, con laconismo, ese adjetivo que proviene de
aquella gente que vivía en Laconia, una isla griega creo, en donde a todo el
mundo le gustaba tomarse las cosas con mucha paciencia y pensaban que las
personas que hablan por hablar, como yo por ejemplo, o en exceso en el fondo lo
hacen porque están mintiendo.
Puede que eso sea cierto, lo admito. Por eso digo, que a mí me gusta
escribir desde siempre. Quizás haya entendido que ese gesto representaba una
especie de tabla de salvación, porque a veces me siento incómodo en las
conversaciones orales, y frecuentemente acabo diciendo algo inapropiado.
Es por eso que escribo, porque entiendo que la escritura al aislarte
te protege del mundo. Quien pasa mucho tiempo escribiendo, aprende a disfrutar
un poco el tiempo en soledad. Es más, llega un momento en el que la
tranquilidad y el silencio de esa soledad se vuelven imprescindibles. Por eso
hay personas que cuando están solas no se sienten solas, todo lo contrario,
sienten que por fin están en paz.
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