un arte de la supervivencia


Presiento una exuberancia melancólica que recorre los diversos trabajos de Elsa Salfity*. Es difícil definirlo. Alguien con mejor ojo y mayor conocimiento podría narrar las influencias, evolución y originalidades correspondientes a su obra, y sin embargo ella parece menos querer celebrar un significado que sugerir sus despojos. En sus obras todo parece sutil hasta la brutalidad, incluso la brutalidad misma. El trazo, la piedra o el metal trabajados parecen desatados por una fuerza primitiva acosada de universalismo. De las pocas obras suyas que pude apreciar, recuerdo la sensación de estar entre reliquias de civilizaciones pretéritas o ante los restos de una catástrofe; no importaba demasiado: en ambos casos se conjugaba la cercanía de una extinción: su arte se me revelaba a la manera de un arte de la supervivencia, un panorama rezumante de esa eternidad que sólo puede fingir la auténtica antigüedad.  

    Salfity fabricó visiones sedientas de tacto. Su trabajo sobre la superficie ofrece presencias que nos tocan con su simple existencia y a las cuales queremos aprehender para comprobar que no estamos en un sueño, aunque ellas logren despertar sin nosotros bostezando formas que emergen no de un sino a un letargo lúcido. Como esa escultura, cuyo nombre no recuerdo pero que representaba un hombre alado sin brazos, la cual me impactaba por la visible pesadez de la que la estatua parecía ser consciente: esas alas de piedra sólo conseguirían servirle de bastones para arrastrarse antes de que pudiese remontar vuelo con ellas. Como un ángel emisario del tiempo, me sugestioné benjamineamente: de semblante estoico, acepta resignado los vendavales que barrieron su propia época, en tanto inmóvil, obligado avanza hacia el futuro desconocido con los ojos llenos de adioses sin pronunciar; viajero sin traslación, las alas que podrían ayudarlo a huir son las mismas que lo han condenado a sobrevivir.

    Puede que toda la obra de Salfity se cifre en ese grávido ángel empleando sus alas para replegarse aún más sobre el suelo que pisa, tan incapaz de poder usar esas alas como nosotros de poder cultivar ese tacto de la mirada que casi todas las obras de Salfity demandan con la delicadeza particular donde hasta lo etéreo se vuelve sobradamente macizo. Tanto como la certeza de que aquel ángel como nosotros seguiremos manteniendo la paciencia de las ruinas durmientes las cuales siempre confían en poder guardar un lento secreto póstumo a confesar.  


Héctor Chaile 

                                                                                                                   

* https://artedelaargentina.com/disciplinas/artista/escultura/elsa-salfity   

La escultura a que se hace referencia se llama Angel, material: cemento. 


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