el desconcierto de los “pantalones pijama” o pantalones “rara avis” que suscitan risa y extrañeza


Primera parte 

Hoy quiero escribir acerca de la ropa para dormir, la sleepwear o nightwear o nightclothes o simplemente pijamas y  la sutil o la marcada línea divisoria entre ésta y la streetwear, urbanwear, casualwear, outdoorswear según sea el caso y la propia percepción. Escribir hoy acerca de esto quizás se considere frívolo, nimio, insignificante, fuera de lugar; sin embargo, siento la necesidad de hacerlo y ojalá esté texto suscite en ti, lector, lo mismo que los pantalones causaron en esas personas o lo inverso, o quizás lo que sus comentarios causaron en mí: ganas de  escribir… 

    ¿Has dormido alguna vez con camisón blanco de tela liviana, con diseño de florecitas pequeñas y cinta de raso fina que forma un sutil moño en el canesú? ¿Cómo se sintió? ¿O tu pijama fue y/o es una remera vieja, muy trash, con estampa en serigrafía gastada de la que apenas logras vislumbrar algo de la figura que te convocó a comprarla o las letras de la leyenda que te pareció cool o significativo de portar? ¿O acaso se trata de uno de dos piezas como del abuelo: una remera y un pantalón o una musculosa y un short de tela lisa o a rayas, que recuerdan un poco a los que usaban y usan los integrantes de la Bersuit Vergarabat en el escenario? ¿O dormís con un babydoll que te hace sentir más sexy, uno de satén o raso con apliques o puntillas en encaje que además te provoca picazón? ¿Uno rojo? ¿Uno negro?  ¿De animal print? ¿Tu pijama es a lunares?  ¿O acaso dormís en bóxer, bombacha, tanga, culotte, calzón de elásticos vencidos que ya no dan más pero que amás? ¿Dormís desnudx con las sábanas que te rozan suave o espeluznantemente la piel? ¿O solo te pones unas gotitas de Chanel N° 5 (o de alguna fragancia de Natura, Avon, Violeta, Isadora) como Marilyn Monroe? ¿O es que a veces dormís con la misma ropa con la que anduviste todo el día? ¿O todos esos son y/o fueron tus pijamas? … Sea cual fuese tu caso y la relación que tengas con la sleepwear (y por tanto con la street, urban or casualwear), quiero recordar y contarte en este texto tres momentos chistosos y de burlas que tres personas hicieron respecto a un pantalón que vestí en mi adolescencia y dos que visto de manera muy cómoda actualmente en mí día a día. 

    Yendo de adelante para atrás en el tiempo: hace solo unos cuantos días, la risa ―y evidentemente la inquietud― de un chico que estaba en el semáforo, esperando a limpiar vidrios de parabrisas de vehículos a cambio de algo de dinero cuando éstos paran ante la señal roja, surgió al verme vestir un pantalón de fibrana negro y blanco a lunares (el fondo es negro y los lunares son blancos). El pantalón es holgado, ancho, palazzo podríamos decirle, con cintura con elástico y tiras para atar y ajustar hechas de la misma tela; tiene dos bolsillos delanteros laterales redondeados y dos en la parte trasera, cuadrados, pegados y con solapa ―todo en la misma tela―. Es de Yagmour y lo debo tener hace, fácil, 4 años. Cuando lo compré tuve que cortarlo porque me quedaba largo y hacerle el ruedo que no quedó tan bien, y por lo tanto, tiene hilachas que se ven y me gusta que así sea. Volviendo al punto, el comentario del chico fue el siguiente:

― Amiga, ¿te puedo hacer una pregunta? ¿Cómo se hace para tener tanta pinta? 

    Lo miré, sonreí y crucé la calle. Caminando hacia el lugar al que me dirigía y por detrás escucho:

― Me encanta tu pijama.

    (Y risas de él y su compañero)

    Hice lo que tenía que hacer, salí del lugar y me dirigí hacia otro, en la misma cuadra. Ya de regreso, vuelvo a cruzarme con los chicos. Y quien antes me había hablado y expresado su definición sentenciosa ―pijama― del pantalón a lunares que vestía y su apreciación del mismo ―que le encantaba―; volvió a hablarme y me dijo otra vez:

― Me encanta tu pijama, te lo compro.

    Y su compañero emitió otra vez una risa nerviosa y yo otra vez sonreí y seguí caminando. 

    El segundo ―y en realidad, constante― acontecimiento chistoso-burlón-inquieto de alguien por verme vestir pantalones a lunares fuera de la intimidad del cuarto ¿o el hogar?, es atribuible a un miembro de mi familia más cercana. Tengo y uso muy a menudo ―por la comodidad, frescura y aspecto― también otro pantalón muy parecido a este que describí líneas arriba solo que el diseño textil es a la inversa. Fondo blanco, lunares negros ―figura fondo/negativo positivo―. Tiene un lazo en la cintura y no tiene bolsillos atrás, es medio transparentón y evidencian su uso y el paso del tiempo, algunas manchas ―como todo lo blanco, para nuestra suerte siempre se mancha―. En fin, cada vez que mi familiar lo ve puesto en el tren inferior de mí cuerpo, emite su comentario: ¿Qué te pusiste? ¿Un pijama? Mirá la Vale tiene puesto un pijama, le dice a otro familiar cercano. Ni hablar si visto mi campera Reebook plateada impermeable de hace mil años: “Se puso el traje de astronauta”. Jaja.

    Por último, la escena más vieja en el tiempo, se remonta a la época de mis primeros años de secundaria. Era la fiesta del bautismo de los ingresantes al colegio. Una de las primeras fiestas a la que asistía en la adolescencia, tipo boliche, para bailar y pasarla bien con los compañeros unas horas. Obviamente, compuse y me puse entusiasmada mi mejor outfit, siguiendo un poco la tendencia flogger de la época: Converses abotinadas y rosadas en los pies, pantalón chupín escocés gris y rosa con elásticos laterales brillosos ¿con lúrex? en las botamangas y una musculosa rosa con estampado fucsia, blanco y plateado que decía algo así como “Rock music” o parecido, más algunos dibujos y el nombre de la marca… Acompañaba un collar de perlas de plástico fucsia y el peinado era con flequillo al costado. Cuando llegué a la fiesta, el hermano mayor de una compañera y amiga me apuntó con el dedo índice y su risa salió con increíble fuerza, diciéndome sobresaltado y con fervor, entre el espanto y la burla: ¡¡¡Te pusiste un pijama!!! 


Segunda parte 

Sigo pensando acerca de los “pantalones pijama” o pantalones rara avis que uso muy a menudo y que causan inquietud ya que otra persona, cercana y querida, me hizo también un comentario con relación, teniendo la certeza de que lo que tenía puesto ―estando en la vereda de mí taller, pasando una planta de una maceta a otra, del interior hacia la vereda― era un pijama y que ya me estaba por ir a dormir. Y ahora me inquieto yo,  lo pienso y digo ¿y si efectivamente son pijamas? Digo, ¿si efectivamente mí pantalón holgado negro a  lunares blancos de Yagmour y el otro, el blanco a lunares negros sin marca y con manchas, son dos pijamas; a pesar de que yo no los haya comprado como tales, de que no me los hayan vendido como tales y de que no los use como tales en mí día a día? Nunca los usé ni los uso para dormir, en cambio, sí para andar, para salir de día ―y a veces de noche también―… ¿Un pijama deja de serlo cuando está afuera de la cama, más aún, cuando está en la calle? ¿O su identidad lo persigue donde quiera que vaya y es percibido siempre como un simpático pijama a lunares? Los beach pijamas “de Chanel” eran pijamas estando en la playa, usados por las mujeres feministas de la época que querían estar cómodas y transgredían la norma que decía que las mujeres no podían vestir pantalones en la calle, pero pensaron sí en la playa, ya que era un espacio más laxo… ¿Eran pijamas aún estando fuera de la cama? O en ese momento pasaron a ser pantalones anchos y cómodos de playa a pesar de que el nombre pijama seguía para denominarlos, agregándole solamente el término beach adelante; playa, nada más y nada menos. ¿Estamos frente a una contradicción? A la playa no se va a dormir, se va a nadar, a pasear, a descansar y quizás ahí te quedes dormido por accidente ¿o también queriendo? ¿Qué determina que lo sea? Su función y el contexto de uso o su nombre pi-ja-ma… Y, si dormían con eso en la playa, ¿qué se ponían para dormir luego en el hotel? Al parecer la sucesión de movimientos fue así: de cuerpos de oriente al cuerpo del hombre europeo; después al cuerpo de la mujer veraniega que luego lo llevó de la habitación y “la entrecasa” a la playa y luego a más espacios hasta hoy. Dicha transgresión en las primeras décadas del siglo XX fue escandalosa.  

    ¿Y el caso de la remera vieja que siempre  (siempre = desde los años 30) se usó en la calle con una inscripción como bandera, algo que porta un mensaje fuera de la cama y que, es más, no fue comprada ni concebida como un potencial pijama  hasta que la vimos deteriorada, baqueteada, con la estampa casi borrada, vieja? El movimiento es ahora al revés: una t-shirt o una tee-shirt que va desde afuera hacia adentro… Que ya no sale más que al patio para ser lavada y colgada en la soga… Que duerme horas y horas debajo de una almohada esperando a su dueño para que se la ponga y siga en la cama pero esta vez en contacto con una piel, haciendo de intermediaria, atenuando la relación entre la sábana y el cuerpo desnudo. Protegiéndonos de la brisa que entra por la ventana y que puede provocar un resfrío o gripe…


Tercera parte  

Continuando la línea y para terminar, parece que desde el año pasado hay una tendencia en Europa que se llama N-B-N (Netflix-Baguette-Netflix) que la pueden googlear para ver fotos y creo que este es el súmmum de la cuestión. Se trata de chicas parisinas que salen a la calle, más que nada los domingos a pasear al perro o al supermercado, con pijamas y abrigos grandes y largos en invierno. En los 90 celebrities como Drew Barrymore, Kate Moss, Lady Di, entre otras, vistieron en eventos glamourosos el vestido lencero o slip dress en sus dos versiones: largos y cortos. Usualmente son de satén con algo de encaje en el pecho y/o en el bajo, con breteles finos y hasta regulables como los de los corpiños. Camisones medio sexies, si se quiere, para sintetizar. Mi abuela me contaba que algo así usaba debajo de “los trajecitos” y se llamaba “la combinación”. También hace ya un tiempo que, en EEUU, Justin Bieber viste con prendas súper oversized y en los pies medias con crocs, así va a eventos importantes para los que, se supone, debiera vestirse más elegante; todo un ¿statement?  

Andrea Saltzman diría que el atuendo se corresponde o no con el contexto, que puede haber una relación de correspondencia entre contexto y vestido; o de oposición, tensión entre estos dos elementos. Vestir pijamas en la calle puede ser visto como algo fuera de lugar, fuera de contexto para algunos; mientras que para otros puede ser percibido como osado, divertido, gracioso, relajado, extremadamente relajado y despreocupado. Quizás para algunos sea una actitud cool y quizás otros ni siquiera lo noten, o les dé totalmente igual. En fin, esto no tiene ningún fin… 



Emma Bartoloni 


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